Entre el fango y los destrozos, un voluntario nos narra las dificultades y la destrucción en las zonas afectadas por la DANA
Este sábado, un voluntario anónimo de Moncada ha llegado a Valencia respondiendo a la llamada de auxilio en las áreas más afectadas por la DANA.
Lo que empezaba como una jornada de colaboración y limpieza se tornaba en una mezcla de frustración, esfuerzo y desorganización que dejó al voluntario, acostumbrado a ayudar, con sentimientos encontrados.
«Nosotros sobre las siete de la mañana llegábamos a la avenida de Francia«, nos cuenta. “Había una cola larguísima que rodeaba la Ciudad de las Artes y las Ciencias; ya para entonces, sabíamos que iba a ser un día complicado«.

Pese a las ganas de ayudar, los voluntarios se enfrentaron a largas esperas, sin apenas coordinación. El desconcierto era evidente y los autobuses disponibles no bastaban para tantos voluntarios. “Había quienes, a las once de la mañana, aún seguían esperando para embarcarse en un autobús”, relata.
Al decidir actuar por su cuenta, él se desplazó hacia otro punto de la ciudad en coche propio, para cruzar a pie hasta la zona de Alfafar.
Entre las montañas de vehículos rotos, escombros y barro, las imágenes que iba encontrándose eran apocalípticas. «Era como caminar en un lugar devastado; veías coches apilados, destrozos por todos lados y un silencio pesado«, añade el voluntario.

Al llegar a las zonas más afectadas, la escena era apabullante: familias que sacaban muebles anegados y enseres destruidos por el agua, calles intransitables cubiertas de barro, y casas de planta baja convertidas en verdaderos barrancos de lodo y sedimentos.
La voluntad de ayudar era inmensa. “Te recibían con ganas, agradecidos de ver que íbamos a echar una mano”, explica. Algunos barrían, otros ayudaban a sacar muebles o retiraban el barro acumulado en los hogares más afectados. En cada esquina, los vecinos y voluntarios trabajaban juntos, uniendo esfuerzos ante la ausencia de un apoyo logístico eficiente.

Sin embargo, no todo era trabajo ni solidaridad. “Había mucha gente que solo estaba de paso, mirando y comentando, como quien va de paseo”, comenta con frustración. “Iban bien vestidos, se quejaban del barro, pero no hacían nada«. También hubo quienes aprovechaban la situación para documentar en redes sociales su ‘ayuda’, sin apenas ensuciarse las manos.
El voluntario, sin embargo, continuaba con su labor en un pequeño grupo y ayudando a familias que luchaban por rescatar lo que aún quedaba en pie.

Hacia la tarde, la situación comenzaba a estabilizarse con la llegada de maquinaria pesada, pero la falta de organización y de recursos en los primeros momentos, cuando más se necesitaba, evidenció la falta de preparación para responder a la magnitud del desastre.
«Alfafar es el primer municipio al llegar de Valencia y es dónde más fácil puede llegar la ayuda, pero hay municipios más hacia dentro que también la necesitan y todavía no se ha llegado«, explica con resignación el voluntario.
«Es un caos«, concluye, «hemos ayudado en lo que hemos podido, pero hay tantas carencias, que esto va a llevar mucho tiempo«.
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