La marca “Moncada, on vols estar” reivindica la identidad local y el modelo de vida tranquila que el municipio aspira a ofrecer a vecinos y visitantes
Moncada atraviesa un momento clave: expansión industrial, transformación urbana y una apuesta firme por recuperar su patrimonio histórico y natural.
En este contexto, la alcaldesa Amparo Orts Albiach ha explicado a Moncada al Día la estrategia que busca posicionar el municipio como un destino de calidad, sostenibilidad y bienestar, sin renunciar a su esencia.
Moncada lleva años trabajando para consolidarse como referente turístico. ¿Cómo nace la marca “Moncada, on vols estar” y qué pretende transmitir?
«La marca nace de una reflexión profunda sobre qué somos y cómo vivimos en Moncada. No queríamos un eslogan vacío, sino un mensaje que la ciudadanía sintiera propio. Moncada está muy vinculada al bienestar y a la calidad de vida: aquí se respira tranquilidad, familiaridad y cercanía.
Tenemos la suerte de estar a un paso de la montaña, del mar y de la huerta, y eso condiciona positivamente el día a día. Históricamente incluso fuimos un destino de veraneo; el edificio del Ayuntamiento, sin ir más lejos, era la residencia estival de los condes de Rótova. Esa tradición inspiró la marca. Al final, “Moncada, on vols estar” quiere transmitir una forma de vivir más pausada, el slow living, donde es fácil sentirse a gusto y donde apetece quedarse».

Bajo esta marca, el Ayuntamiento desarrolla tres rutas turísticas: la patrimonial, la arqueológica y la del agua. ¿Qué objetivo tienen y en qué consisten?
«Las rutas son la estructura que articula toda nuestra estrategia turística. La patrimonial se centra en nuestros edificios históricos y, sobre todo, en el Museo de la Fábrica de la Seda. La rehabilitación está prácticamente finalizada y ahora trabajamos en el diseño museográfico para abrirlo todos los días, convertirlo en un motor cultural y ubicar allí la Oficina de Turismo. Queremos que sea un espacio vivo, con actividad constante.
La ruta arqueológica es nuestro gran tesoro pendiente de descubrir: Moncada tiene restos íberos y romanos de enorme valor. El Tos Pelat sigue ofreciendo hallazgos muy interesantes, y la villa romana del Pouatxo puede convertirse en un referente comarcal si la dotamos de investigación, excavación y un futuro centro de interpretación.
Por último, la ruta del agua pone en valor la Real Acequia de Moncada. Somos la sede histórica de uno de los sistemas de riego más importantes del país y eso merece ser explicado. Me gustaría que los escolares pudieran recorrer la acequia igual que visitan el ayuntamiento, porque forma parte de nuestra identidad y nuestra historia agrícola».

La villa romana está junto a los terrenos de la empresa Edwards Lifesciences. ¿Ha habido dificultades durante su instalación?
«Para nada; al contrario. El yacimiento está perfectamente delimitado y protegido. Edwards Lifesciences ha sido muy respetuosa y colaboradora desde el primer momento. Su parcela es enorme y la zona arqueológica está bien definida, de modo que no ha habido ningún conflicto.
Además, uno de sus responsables es un apasionado de la arqueología y ha mostrado un interés real por el proyecto. Tener a una empresa internacional instalada en Moncada y, al mismo tiempo, implicada en la conservación patrimonial es una oportunidad extraordinaria».

¿Puede Edwards Lifesciences convertirse en mecenas del proyecto arqueológico?
«Es una posibilidad, pero todavía es pronto para concretar. Lo importante es que existe predisposición. Nuestro planteamiento es sumar fuerzas: recursos municipales, ayudas públicas, colaboración privada…
El Pouatxo y el Tos Pelat tienen un enorme potencial turístico, cultural y científico. Si conseguimos que las empresas de la zona también se impliquen, será un proyecto redondo y con un impacto muy positivo para toda la ciudad».
¿Cuál es la situación del mosaico de las Nueve Musas?
«El mosaico está conservado en el Museo de Bellas Artes y en muy buenas condiciones. Cuando llegamos al gobierno revisamos el expediente porque creemos que debe volver a Moncada, su lugar de origen. Es una pieza monumental, bellísima y simbólica.
Ahora bien, requiere un espacio adecuado: climatizado, seguro y estable. Por eso queremos integrarlo en un futuro centro de interpretación de la villa romana, donde pueda ser contemplado sin riesgos y con un relato histórico coherente. Lo recuperaremos, pero debemos hacerlo con rigor».

¿Este proyecto estará listo a corto plazo?
«No. Hablamos de una infraestructura importante que encaja más en la próxima legislatura. Actualmente se está desarrollando toda la zona industrial donde estaría ubicado el centro de interpretación, y necesitamos que ese proceso avance. Pero la hoja de ruta está clara: primero consolidar el polígono, después activar el proyecto museístico y, finalmente, traer el mosaico».
Volviendo al entorno natural, ¿cómo se trabaja la protección del Carraixet y el Palmaret?
«La DANA nos recordó que los barrancos no son decorativos: son estructuras vivas y necesarias para la seguridad del municipio. Moncada está literalmente abrazada por el Carraixet y el Palmaret, que dependen de la Confederación Hidrográfica del Júcar.
Eso significa que debemos coordinar todas las actuaciones con ellos. Hemos pedido actuaciones de limpieza, mantenimiento y mejora de los viales, y la Confederación está respondiendo muy bien. La idea es mantener los cauces en buen estado tanto para evitar riesgos como para que los vecinos puedan disfrutarlos como espacios verdes».

El Misterio de la Pasión también forma parte del atractivo turístico. ¿Qué papel desempeña en la estrategia cultural?
«Es uno de nuestros grandes valores culturales y emocionales. El Misterio es tradición e identidad. Ahora están realizando la docupelícula que recoge su historia, su evolución y su significado, y es un trabajo magnífico que también nos será útil en la promoción turística.
Además, la idea de representar el ‘Misteri del Nadal’ supone abrir una nueva temporada cultural, una oportunidad para atraer visitantes en momentos donde habitualmente no hay actividad turística. Es un ejemplo perfecto de cómo el patrimonio vivo puede ayudar a dinamizar un municipio».
Moncada no se integra en ninguna mancomunidad. ¿Se plantean sumarse a alguna para potenciar el turismo?
«Lo estamos valorando. Hemos hablado con alcaldes de municipios vecinos y existe un consenso bastante general: unir esfuerzos nos haría más fuertes. Tenemos dos mancomunidades muy próximas, la del Carraixet y la del Horta Nord, y no descartamos integrarnos en alguna de ellas o incluso impulsar una unión entre ambas, como ocurre en otras comarcas. Sería una forma de sumar recursos y tener más peso en acciones promocionales».
La ciudad está creciendo industrialmente de forma notable. ¿Cómo se compatibiliza este impulso económico con la idea de slow living y conservación del patrimonio?
«Vivimos un momento histórico. Moncada está desarrollando un millón de metros cuadrados de suelo industrial moderno y estratégico, entre los puertos de Sagunto y Valencia y a un paso de la A-3. Eso significa empleo, dinamismo y oportunidades. Pero a la vez somos muy conscientes de que nuestra identidad es la de una ciudad con alma de pueblo: cercana, verde, amable.
Nuestro objetivo es crecer sin perder esa esencia. Apostamos por una planificación urbana cuidadosa, por más zonas verdes, por movilidad sostenible y por la protección de nuestro patrimonio. Queremos una ciudad moderna, pero que siga siendo un lugar donde se vive bien».
Están llegando nuevas residencias universitarias, parques comerciales, hoteles. ¿Responde esto a la presencia del CEU?
«Fundamentalmente al CEU. La universidad tiene 9.000 estudiantes y muchos vienen de fuera, así que la demanda de alojamiento es muy elevada. Las nuevas residencias sumarán más de 500 habitaciones, y el hotel, que inicialmente iba a ser otra residencia, finalmente se orientará al hospedaje tradicional.
A corto plazo responde al ámbito universitario, pero a medio y largo plazo será un activo para el turismo cuando nuestro proyecto patrimonial esté plenamente en marcha. Eso sí, debemos regularlo para evitar que el modelo se desequilibre y que Moncada termine convertida en una ciudad dormitorio. Buscamos equilibrio».

¿Visualiza la llegada de más empresas vinculadas al turismo?
«Sí, pero será progresivo. Ahora dependemos de la iniciativa privada, porque un municipio no puede abrir hoteles o restaurantes. Sin embargo, conforme activemos el Museo de la Seda, las rutas patrimoniales y, más adelante, el centro de interpretación de la villa romana, estoy segura de que el sector privado verá oportunidades claras. El patrimonio es un gran motor económico si se trabaja con coherencia».
¿Cómo imagina la Moncada de dentro de diez años?
«La imagino como una ciudad moderna, sostenible y amable, con más recursos y servicios, pero que sigue conservando su alma. Una Moncada que protege su patrimonio, que potencia su cultura, y que aprovecha su industria sin renunciar a su tranquilidad.
Una ciudad donde la gente se sienta orgullosa de vivir, con más zonas verdes, más oportunidades y más calidad de vida. En definitiva, una Moncada que crece, pero que sigue siendo Moncada. Una ciudad donde te apetece vivir y donde quieres vivir».
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